Cuando se acerca la Navidad muchos nos alegramos de que por fin lleguen unos días de paz, en los que todo el mundo parece estar feliz, reunirse con la familia... pero hay otros que sólo se echan a temblar pensando en lo que se les viene encima.

Leyendo el 20minutos me he encontrado con una noticia en la que se relatan las penurias que pasan muchas familias estos días, y me refiero al hecho de tener que dividirse los días de celebración entre las familias del marido y la mujer, o el estrés que supone organizar estas fiestas.

Aquí se dice que, al igual que en verano, en estas fechas aumenta el número de divorcios, ya que es cuando la pareja pasa más tiempo juntos y surgen los roces (cada vez me parece más bonito...)

Esta noticia me ha hecho pensar que en realidad en esos días sí que se vive el estrés, y es que claro, ¿cómo decidimos dónde pasar la Nochebuena y la Navidad?, ¿nos turnamos o siempre en un sitio?, ¿y si vamos con tu familia, cuándo vamos con la mía?

Podemos ir todos juntos, pero... ¿a dónde? Si somos un montón. Bueno, nos organizamos pero ¿qué hacemos con mi prima la del pueblo y tu tío-abuelo de Kentaki? Bueno, pues que se vengan, si total donde comen 10 comen... ¿cuántos vamos ya, 35?

Y una vez que estamos todos empaquetados no acaba ahí la cosa, sino que viene la segunda parte, ¿qué hacemos de comida? Unos dicen que no mucho, que siempre sobra, los otros que no pueden pasar sin los turrones y la novia de no se quién que resulta que es vegetariana y hay que hacerle un menú especial...

Pero bueno, al final la cosa se apaña y entre los langostinos y alguna cosa más (unas cuantas) se arregla la cena, pero los niños no paran porque están nerviosos ante la llegada de Papa Noël (normal), el abuelo que se quiere ir para casa, la vegetariana que se pone a discutir con el cuñado y la bisabuela que pretende asustar a todos con sus achaques de salud. Todo esto acompañado de los Villancicos que suenan en la radio.

Y luego llega la hora de los regalos, que si a mí esto no me gusta, pero oye, es lo que te ha tocado, que si mira que no saber mi talla de pantalón... ¿es que tan gorda me ves?

En fin, visto así la cosa cambia, pero tanto como para llegar al divorcio...

Al fin y al cabo el menú es lo de menos y los regalos no tienen importancia, lo bueno es pasar un buen día con toda la familia, posiblemente la clave esté en colaborar entre todos para que no sea un auténtico caos para los que se responsabilizan de todo.

Os deseo una muy feliz Navidad a todos (o al menos lo mejor posible)

Besos!