Acabo de hacerme un examen de aptitud y he llegado a la conclusión de que no hay por qué saber hacerlo todo bien.

Pues no, por más que lo intento no puedo hacer el pino puente, qué le voy a hacer yo. Podéis pensar que ahora mismo no me serviría de mucho esta habilidad, pero... ¿qué me decís sobre tener que hacer una recuperación en el colegio y repetir la prueba del pino puente? Esas cosas duelen... jaja

Y por más que lo intento no logro orientarme, que siempre estoy más perdida que un pulpo en un garaje.

Igual que lo de cocinar, que yo pongo mi empeño pero no me sale...

Y lo mismo me pasa con los deportes, que no es lo mío la habilidad. El fútbol me da miedo porque chutan la pelota demasiado fuerte, y lo del baloncesto no acaba de cuajar, nadar más bien floto... y así con muchos otros. Al parecer, cuando Dios repartió las destrezas deportivas, al llegar a mí miró para otro lado...

Pero es que no hay que saber hacer de todo.
Además, yo tengo buena memoria y no se me da mal estudiar. Me entiendo bien con la gente y tengo capacidad para hacer unas cuantas cosas a la vez sin perder los nervios. Me es fácil inventar cosas y me gusta escribirlas.
No cocinaré muy bien, pero soy capaz de reconocer los ingredientes de un guiso sólo con olerlos, y no me oriento cuando viajo no, pero a cambio saco buenas fotos de recuerdo con mi cámara (de la que aún por cierto no he terminado de leer las instrucciones)
Y no seré muy buena deportista, pero a cambio toco el violín y puedo disfrutar con la música.

En fin, ¿para qué juzgarnos tanto por las cosas que no podemos hacer? Hay que intentarlas, eso sí, en mi cabeza no entra el conformismo, pero tampoco machacarnos por ello, al fin y al cabo estaréis de acuerdo en que todos tenemos otras cualidades estupendas que camuflan sin duda nuestros defectos, ¿a que sí?

Arriba la moral!!