Parece que ya huelo a mar...
Paisajes familiares se van abriendo camino y dan paso a la ciudad que tanto añoraba (y que, vaya por Dios, me tiene que recibir lloviendo, aunque hoy ha salido el sol)

Parece raro amanecer en una ciudad y acostarse en otra, tan distintas y lejanas.
Ahora aquí todo vuelve a ser pequeño, familiar, ya no hay prisas ni alboroto de gentes. El mar parece marcar un suave compás con sus olas y todo me parece estar en calma...

Qué bonito es volver a casa, volver a recibir el saludo y el abrazo de tu familia y amigos.
Pero, una cosa está clara, si nunca sales y vives tus propias aventuras nunca experimentarás esa sensación de vuelta que tanto reconforta.

Así que yo veo que este año me toca estar con la maleta de un lado para otro, veremos lo que nos va deparando el paso del tiempo, pero de momento... a recargar las pilas!