Aquí se queda París, con su torre, sus gentes, sus paisajes irrepetibles...

Debo confesar que me ha gustado más de lo que pensaba. Además la experiencia que me llevo está claro que no la voy a olvidar nunca.

Y volveré. Porque aún me queda mucho por ver y por hacer, porque aún debo aprender francés perfectamente, porque tendré que volver a comer un maravilloso crêpe (ummm), porque quiero volver a sorprenderme una vez más al ver la torre Eiffel de cerca, y pasear desde el Louvre, por los Campos Elíseos, hasta alcanzar ese Arco del Triunfo que parece cercano pero nunca llega, y subir todas las escaleras que conducen hasta el Sacre Coeur (creo que son más las de los interminables cinco pisos de mi casa...), y mil cosas nuevas más que no quiero perderme.

Vuelvo la vista atrás en este cortito pero intenso mes y pienso, ¿por qué me voy tan encantada? Una mezcla de todo lo anterior viene a mi mente, junto a bonitos recuerdos y divertidas anécdotas, pero creo que la verdadera respuesta a esta pregunta está un poco más abajo...

GRACIAS A TODOS POR HACERME SENTIR COMO EN CASA